10 de agosto
Vista la numerosa oferta de cafeterías de Douarnenez, desayunamos en nuestro hotelito marinero y ponemos rumbo al médico generalista de Quimper, léase Kempeg, quien, tras innúmeras insuflaciones de agua, consigue que P. ascienda de Teniente a Mariscal (no al de Cobi, eh). Lo primero que dijo es que no suponía que las bombardas (¡sí!, ya sabemos cómo se llama el arma de destrucción masiva) sonaran así.
Véase una bombarda
Y, hala, a pasear por Quimper, preciosa ciudad con sus casitas de entramado, su mercado, su Place de la Beurre (¡que huele a mantequilla!, en serio. Demi-salé, eso sí).
[en el número 1 de esa plaza, hacemos nuestrra primera parada folclórica, para comprar dos discos, en Keltia Musique, uno un tongo y el otro fenómeno, llamado Fest-Noz pour les nuls, o sea, Fest-Noz para idiotas, que hasta contiene un deuvedé para aprender a hacer así con las manitas cogidos de los meñiques. Están locos estos bretones. Por cierto, pour les nuls, Fest-Noz significa en bretón Fiesta de Noche.]
Comemos sushi en el mercado y comenzamos la ruta del alcohol, previo paso por la catedral de Saint Corentin, con sus bonitas vidrieras.
Destilería de Kinkiz, sita en Quinquis. Nos enamoramos de la sidrera mayor que nos explica, ohhhh, que tiene un novio en Benalmádena y nos da un cursillo aceleré de fabricación de sidra y alcoholes mayores como el Pommeau (pronúnciese pomó poniendo así la boquita muy a lo francés) y el Lambig, versión bretona, y por tanto húmeda y estable, del Calvados normando.
Siguiente parada: destilería des Menhirs. Nos enamoramos de la whiskera y sidrera mayor, sobre todo cuando en su charla incluía las palabras brut y demi-sec.
Tercera parada alcohólica: Brasserie de Bretagne, cuna de la birra Saint Ervann, de la cual nos enamoramos. Compramos dos camisetas y yoo, adicionalmente, robo una de Ar-Men.
Próximo destino, ¡¡¡sí!!!: Lorient. Ya hay ganas.
En el cedé del coche ya no suena otra cosa que no sea una bombarda y nuestro C3 se convierte en el Citroën Makinero, con los bafles hacia afuera para atronar con el arma de destrucción masiva. Por ejemplo, sonaba esto.
Mostrando entradas con la etiqueta Douarnenez. Mostrar todas las entradas
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miércoles, 10 de agosto de 2011
martes, 9 de agosto de 2011
Puntas
Antes de llegar a las puntas, para no olvidarnos de los tongos de la mañana, pasamos por el lugar en el que el comisionado de la Unesco para la declaración de patrimonios de la humanidad había sido untado por el Ayuntamiento de Camaret para declarar que la torre de Vauban era equiparable en categoría, qué sé yo, al acueducto de Segovia. Que digo yo, si esa torre es patrimonio de la Humanidad, las corralas de Lavapiés deberían ser nombradas ya reserva de la biosfera. Creo que habrá que hacer un grupo en facebook o algo para ello. De todas formas, creo que la cosa está más relacionada con el asunto de que las fortificaciones de la zona son una de las maravillas y ejemplo para múltiples otras en el mundo (Jaca, por ejemplo).
El choque fue brutal. Porque brutal es llegar de un lugar supuestamente interesante, pero sin ningún interés y sin unas vistas muy espectaculares a un lugar como Pen-Hir, con un corte vertical (tampoco tan alto, eso es cierto) y con las preciosas vistas sobre la Punta de Dinan. Estas vistas, que tardaron en dejar verse, le otorgaron la tercera estrella (el rabo, según la calificación Osborne). De hecho, los millones de viandantes estaban empeñados en que no se la diéramos y le quitaban bastante encanto al lugar. En todo caso, una preciosidad.
Y precioso el aviso de que la gente respete a los escaladores y no les tire piedras. Están locos estos escaladores.
Después de Pen-Hir, y por corredoiras que atravesaban una preciosa playa, llegamos a la Punta de Dinan, que quizá tenga sólo 2 estrellasmichelín porque el corte con el mar es algo menos espectacular.
Sin embargo, un arco natural que forma la roca, más las vistas sobre el propio Pen-Hir, la hacen muy muy destacable.
Ya sólo quedaba teóricamente un hito en el día, quizá el más duro, ya que suponía escalar otra de las grandes cimas épicas de esa Bretaña montañosa y sin escrúpulos, ese K2 llamado Menez Hom, brutal cumbre escaprada de ¡¡300 metros de altura!! muy agradable para que niños y mayores practiquen todo tipo de deportes de viento, léase parapente, aviones teledirigidos y un tipo con una cometa. Bonitas vistas de la costa y el llano.
Al final de esta visita, nuestros atléticos cuerpos, sin embargo, precisaron de descompresión en el campamento base.
Y ya metidos en harina, aunque teóricamente ya debíamos haber acabado el rulo diario, decidimos pirarnos a ver Raz en previsión de que al día siguiente el teniente P. tuviera que visitar al taponólogodeoídos para el asunto de su sordera.
De camino a Raz, pillaba la Punta du Van, y de perdus, á la rivière. Mereció la pena el paseíto hasta la ermita, junto a la cual estaba una pequeña ermitita, suponemos que para el perro dle párroco).
De allí, a la Pointe du Raz, la punta de las puntas según las guías. Parece que los bretones estaban enterados y te sablean 6€ por aparcar junto a un emporio de tiendas y crepèries.
El paseo hasta la punta, casi asfaltado, restaba pelín de contacto con la naturaleza, qué quieren que les diga. Pero una vez allí, con el sol bajando y bajando, resultaba un lugar algo espectacular, plagado de pequeñas montañitas de piedras hechas por la gente que lo visita.
Nosotros también quisimos dejar nuestra huella en forma de montañita, que el sol bretón quiso que tuviera sombra de La Cibeles (¡alucinante!).
Volvimos al hotel, cenamos mejillones (¡!) y en Pueblo-Fantasma (o sea, en Douarnenez, pero esta vez al otro lado del río-ría) conseguimos tomarnos una rica cerveza ¡a las 11 y media de la noche!.
Y a la cunita, previo ensayo del baile de las manitas en la habitación.
El choque fue brutal. Porque brutal es llegar de un lugar supuestamente interesante, pero sin ningún interés y sin unas vistas muy espectaculares a un lugar como Pen-Hir, con un corte vertical (tampoco tan alto, eso es cierto) y con las preciosas vistas sobre la Punta de Dinan. Estas vistas, que tardaron en dejar verse, le otorgaron la tercera estrella (el rabo, según la calificación Osborne). De hecho, los millones de viandantes estaban empeñados en que no se la diéramos y le quitaban bastante encanto al lugar. En todo caso, una preciosidad.
Y precioso el aviso de que la gente respete a los escaladores y no les tire piedras. Están locos estos escaladores.
Después de Pen-Hir, y por corredoiras que atravesaban una preciosa playa, llegamos a la Punta de Dinan, que quizá tenga sólo 2 estrellasmichelín porque el corte con el mar es algo menos espectacular.
Sin embargo, un arco natural que forma la roca, más las vistas sobre el propio Pen-Hir, la hacen muy muy destacable.
Ya sólo quedaba teóricamente un hito en el día, quizá el más duro, ya que suponía escalar otra de las grandes cimas épicas de esa Bretaña montañosa y sin escrúpulos, ese K2 llamado Menez Hom, brutal cumbre escaprada de ¡¡300 metros de altura!! muy agradable para que niños y mayores practiquen todo tipo de deportes de viento, léase parapente, aviones teledirigidos y un tipo con una cometa. Bonitas vistas de la costa y el llano.
Al final de esta visita, nuestros atléticos cuerpos, sin embargo, precisaron de descompresión en el campamento base.
Y ya metidos en harina, aunque teóricamente ya debíamos haber acabado el rulo diario, decidimos pirarnos a ver Raz en previsión de que al día siguiente el teniente P. tuviera que visitar al taponólogodeoídos para el asunto de su sordera.
De camino a Raz, pillaba la Punta du Van, y de perdus, á la rivière. Mereció la pena el paseíto hasta la ermita, junto a la cual estaba una pequeña ermitita, suponemos que para el perro dle párroco).
De allí, a la Pointe du Raz, la punta de las puntas según las guías. Parece que los bretones estaban enterados y te sablean 6€ por aparcar junto a un emporio de tiendas y crepèries.
El paseo hasta la punta, casi asfaltado, restaba pelín de contacto con la naturaleza, qué quieren que les diga. Pero una vez allí, con el sol bajando y bajando, resultaba un lugar algo espectacular, plagado de pequeñas montañitas de piedras hechas por la gente que lo visita.
Nosotros también quisimos dejar nuestra huella en forma de montañita, que el sol bretón quiso que tuviera sombra de La Cibeles (¡alucinante!).
Volvimos al hotel, cenamos mejillones (¡!) y en Pueblo-Fantasma (o sea, en Douarnenez, pero esta vez al otro lado del río-ría) conseguimos tomarnos una rica cerveza ¡a las 11 y media de la noche!.
Y a la cunita, previo ensayo del baile de las manitas en la habitación.
Están locos estos bretones.
Tongos
9 de agosto.
En el iPod empezábamos a concienciarnos de que ni la movida madrileña ni el reguettón nos iban a acompañar en este viaje, por lo que empezamos a dar cabida a otras músicas. Saliendo de Douarnenez, sonaba esto.
Qué día de altibajos o, más bien, de bajialtos, por segtuir el orden.
La primera, en la frente. El juego se llamaba "busque usted una cafetería en Douarnenez (del bretón, Pueblo-Fantasma) y alrededores". Nos llevó nuestros buenos 20 minutos encontrar en un pueblo cualquiera una boulangère que, además, servía p'tits dejeneurs.
Glorioso desayuno, ya que nos fue servido por una señora, reencarnación clara y palpable del pequeño ruiseñor y que fue bautizada como la "Señora Jilguero" [esta visión nos afectó durante el resto del viaje de tal manera que el 62% de las contestaciones nos las pasamos a dar con el tonillo de la Señora Jilguero].
La mujer trabajaba cantando "voilà, voilà, voilà!", "très bien, une baguette pour madame", "oh, mon dieu, mon dieu, mon dieu, voici la dozenne de croissants pour monsieur", con un timbre fino fino y una alegría desbordante.
Mientras nos partía nuestra baguette en dos "o, monsieur, bien sûr, pour sandwiches!" y nos cobraba, cundió la risa y P. huyó cobardemente mientras yo sufría en silencio.
Su destino es: Daoulas, abadía románica en ruinas... y TONGO de a 7 euros por persona. Y no cuento más. Simplemente, ahórrensela, aunque les digan que se celebra una campeonato de camisetas mojadas ese mismo día en pleno "claustro". What you see is what you get.
Enervados como estábamos, decidimos darnos a la naturaleza que, al fin y al cabo, es difícil que decepcione.
En seguida, hicimos parada en Argol a la búsqueda de otro TONGO, el museo de la sidra, en el que no picamos los 5€ de la entrada y del que no nos llevamos ni siquiera una botella.
El tal Argol tenía un pequeño enclosín parroquial muy mono y que dejaba a Daoulas (prometo no volver a escribir este nombre) a la altura del betún.
Y ya metidos en tongos, como digo pensando que la naturaleza no nos podía traicionar...
¡Ja! TONGO nº 3 del día (éste al menos, gratis). La Punta de los Españoles. Magníficas vistas sobre el puerto industrial de Brest y pas absolutemente rien.
Aprovechamos para hacer pique-nique de maquereux (algo así como arenques) aux mostard y botella de sidra más un poco de queso bastante macarra adquirido en el mercado de Crozon (pueblo sin interés y con millones de visitantes. Siempre un misterio).
Y tras una completa mañana tongo, llegó la hora de las Puntas.
Fantástica tarde: Penhir, Dinan, du Van y du Raz
En el iPod empezábamos a concienciarnos de que ni la movida madrileña ni el reguettón nos iban a acompañar en este viaje, por lo que empezamos a dar cabida a otras músicas. Saliendo de Douarnenez, sonaba esto.
Qué día de altibajos o, más bien, de bajialtos, por segtuir el orden.
La primera, en la frente. El juego se llamaba "busque usted una cafetería en Douarnenez (del bretón, Pueblo-Fantasma) y alrededores". Nos llevó nuestros buenos 20 minutos encontrar en un pueblo cualquiera una boulangère que, además, servía p'tits dejeneurs.
Glorioso desayuno, ya que nos fue servido por una señora, reencarnación clara y palpable del pequeño ruiseñor y que fue bautizada como la "Señora Jilguero" [esta visión nos afectó durante el resto del viaje de tal manera que el 62% de las contestaciones nos las pasamos a dar con el tonillo de la Señora Jilguero].
La mujer trabajaba cantando "voilà, voilà, voilà!", "très bien, une baguette pour madame", "oh, mon dieu, mon dieu, mon dieu, voici la dozenne de croissants pour monsieur", con un timbre fino fino y una alegría desbordante.
Mientras nos partía nuestra baguette en dos "o, monsieur, bien sûr, pour sandwiches!" y nos cobraba, cundió la risa y P. huyó cobardemente mientras yo sufría en silencio.
Su destino es: Daoulas, abadía románica en ruinas... y TONGO de a 7 euros por persona. Y no cuento más. Simplemente, ahórrensela, aunque les digan que se celebra una campeonato de camisetas mojadas ese mismo día en pleno "claustro". What you see is what you get.
Enervados como estábamos, decidimos darnos a la naturaleza que, al fin y al cabo, es difícil que decepcione.
En seguida, hicimos parada en Argol a la búsqueda de otro TONGO, el museo de la sidra, en el que no picamos los 5€ de la entrada y del que no nos llevamos ni siquiera una botella.
El tal Argol tenía un pequeño enclosín parroquial muy mono y que dejaba a Daoulas (prometo no volver a escribir este nombre) a la altura del betún.
Y ya metidos en tongos, como digo pensando que la naturaleza no nos podía traicionar...
¡Ja! TONGO nº 3 del día (éste al menos, gratis). La Punta de los Españoles. Magníficas vistas sobre el puerto industrial de Brest y pas absolutemente rien.
Aprovechamos para hacer pique-nique de maquereux (algo así como arenques) aux mostard y botella de sidra más un poco de queso bastante macarra adquirido en el mercado de Crozon (pueblo sin interés y con millones de visitantes. Siempre un misterio).
Y tras una completa mañana tongo, llegó la hora de las Puntas.
Fantástica tarde: Penhir, Dinan, du Van y du Raz
lunes, 8 de agosto de 2011
Un tipo très brut, los calvarios bretones y la grande boucle de Huelgoat
8 de agosto
Comienza el 5º día completo y lo hace con terneritos y creèpes y despedida de la señora enjuta [de Plouégat-Guerand]. Es el día de los enclaves paradisíacos (o sea, enclos paroissiaux, o sea, parroquiales).
Y a P. le preguntas si se ha cambiado los calzoncillos y te dice que las 10 y cuarto. Así que, en una farmacia compramos un remedio, esperamos, para el bouchon de su oído [por cierto, cerumen se dice igual en francés].
Antes de nada, teníamos pendiente la visita a una afamada cava de sidra, la de Kervéguen, que, se´gun su publicidad, podía visitarse. Nada más entrar, un tipo calvo de 2 metros, sin siquiera mirarnos nos dice algo, creo que en bretón (o en euskera) y nos manda a la habitación contigua a que observemos el tongo de cava y a que nadie nos explique nadadenada. Luego, un cartel guiaba a un palomar del siglo XV. ¿Tú lo has visto? Pues eso.
De vuelta a la tiendita me preguntaba yo si la sequedad de la sidra sería equiparable a la del tipo ese [creo no fue aquí, pero tanto da, cuando empezamos a equiparar la cualidad de la sidra seca y la muy seca a la cualidad de burro, o muy burro, de uno mismo, pasando a ponernos brut o très brut en cuanto nuestras cualidades masculinas se exacerbaban por cualquier motivo. Es complicada la explicación sin resultar ofensivo, así que, para más información, Cadena COPE].
Saint Thégonnec, con un osario muy destacable;
Guimiliau, con un calvario de más de 200 muñecos
y Lampaul-Guimiliau, con una pasión (¡barroca!) en madera brutal realmente son lugares especiales.
Pequeñitos pueblos, pero con ese trozo de peculiaridad que los hace únicos en el mundo. Mejor ver.
Intento nº 1 de comer: pizzería anunciada por la carretera en la Feuillée, cerrada
Intento nº 2 de comer: crepèrie en Commana, que pa qué va a abrir en pleno agosto.
Pues, hala, a intentarlo en Huelgoat. Y, ¡sí!, con mejillones. Eso sí, entramos en el pueblo los últimos, porque detrás de nosotros lo cerraron por mor de una carrera ciclista. Una pena que la previa no estuviera acompañada por danzas bretonas de meñiques entrelazadados.
Era uno de esos días en que el senderismo quería ser medio protagonista y nos las prometíamos muy felices con nuestro paseo por el bosque de Huelgoat, plagado de leyendas sobre el Rey Arturo...y plagado también de gente. Ah, y, cómo no, nuestro paseo dos namorados...
Con todo, damos una agradable caminatilla de una hora y volvemos rodeando el bonito lago, mientras la grande boucle, la serpiente multicolor, los esforzados de la ruta, continúan dando vuelta tras vuelta.
Para culminar el recorrido de los calvarios parroquiales paramos en Pleyben, con un calvario realmente potente y una iglesia con destacables torre, vidriera y, algo menos, cúpula.
Tras el último enclos paroissial, el de Pleyben, y previo a la llegada a Douarnenez, hicimos parada en Locronan, la primera villa que vemos en este viaje de las más bellas de Francia (l'un des plus belles villages de France. Pronúnciese: landeplibelvilásdefrans o déjese el asunto aparcado).
Antes, dedicamos unos minutos al tongo nº 2 del día, tras el de nuestro amigo sidrero très brut. Así, hicimos cumbre en unos vertiginosos 289 metrazos de altura... sin vistas. [Ahórrense la visita a la montaña de Lcronan, salvo que sean muy devotos de la virgencita que mora en tamañas alturas (en ese caso, por cierto, avituallen bien el campamento base y vayan provistos del imprescindible oxígeno y los expertos sherpas)].
Pero no pasó nada. Locronan mereció la pena, bien cuca ella, sobre todo si tienes la suerte de visitar la iglesia justo en el instante en que el sol remata sobre la tumba allí presente. Y una destacable tienda de produits régionaux con cientos de cervezas, mermeladas, galletas, personas...
El día remata en Douarnenez, pueblecito marinero, turístico, en el que conseguir una plaza hotelera fue poco menos que heroico. El hotel La Bretagne nos cae muy cerca del puerto que da a la ría. Como era la hora de cenar, nos vamos al otro puerto, más de pescado, que da al mar, a cenar una rica brocheta de vieiras y unas no menos ricas sardinas.
A eso de las 10 sólo a nosotros pudo ocurrírsenos un lunes querer tomar algo. Tras tres intentos, adornados por el hostelero local de turno con diversas negativas: "pas, pas, pas, pas...", "c'a terminé" o "c'est soir, une boisson?... mais, no", acabamos dándonos un rulo por Douarnenez, que en bretón también significa Pueblo-Fantasma y decidimos irnos a la cunita en nuestra pequeñita habitación de nuestro lindo hotel marinero.
Están locos estos bretones.
Comienza el 5º día completo y lo hace con terneritos y creèpes y despedida de la señora enjuta [de Plouégat-Guerand]. Es el día de los enclaves paradisíacos (o sea, enclos paroissiaux, o sea, parroquiales).
Y a P. le preguntas si se ha cambiado los calzoncillos y te dice que las 10 y cuarto. Así que, en una farmacia compramos un remedio, esperamos, para el bouchon de su oído [por cierto, cerumen se dice igual en francés].
Antes de nada, teníamos pendiente la visita a una afamada cava de sidra, la de Kervéguen, que, se´gun su publicidad, podía visitarse. Nada más entrar, un tipo calvo de 2 metros, sin siquiera mirarnos nos dice algo, creo que en bretón (o en euskera) y nos manda a la habitación contigua a que observemos el tongo de cava y a que nadie nos explique nadadenada. Luego, un cartel guiaba a un palomar del siglo XV. ¿Tú lo has visto? Pues eso.
De vuelta a la tiendita me preguntaba yo si la sequedad de la sidra sería equiparable a la del tipo ese [creo no fue aquí, pero tanto da, cuando empezamos a equiparar la cualidad de la sidra seca y la muy seca a la cualidad de burro, o muy burro, de uno mismo, pasando a ponernos brut o très brut en cuanto nuestras cualidades masculinas se exacerbaban por cualquier motivo. Es complicada la explicación sin resultar ofensivo, así que, para más información, Cadena COPE].
Saint Thégonnec, con un osario muy destacable;
Guimiliau, con un calvario de más de 200 muñecos
y Lampaul-Guimiliau, con una pasión (¡barroca!) en madera brutal realmente son lugares especiales.
Pequeñitos pueblos, pero con ese trozo de peculiaridad que los hace únicos en el mundo. Mejor ver.
Intento nº 1 de comer: pizzería anunciada por la carretera en la Feuillée, cerrada
Intento nº 2 de comer: crepèrie en Commana, que pa qué va a abrir en pleno agosto.
Pues, hala, a intentarlo en Huelgoat. Y, ¡sí!, con mejillones. Eso sí, entramos en el pueblo los últimos, porque detrás de nosotros lo cerraron por mor de una carrera ciclista. Una pena que la previa no estuviera acompañada por danzas bretonas de meñiques entrelazadados.
Era uno de esos días en que el senderismo quería ser medio protagonista y nos las prometíamos muy felices con nuestro paseo por el bosque de Huelgoat, plagado de leyendas sobre el Rey Arturo...y plagado también de gente. Ah, y, cómo no, nuestro paseo dos namorados...
Con todo, damos una agradable caminatilla de una hora y volvemos rodeando el bonito lago, mientras la grande boucle, la serpiente multicolor, los esforzados de la ruta, continúan dando vuelta tras vuelta.
Para culminar el recorrido de los calvarios parroquiales paramos en Pleyben, con un calvario realmente potente y una iglesia con destacables torre, vidriera y, algo menos, cúpula.
Tras el último enclos paroissial, el de Pleyben, y previo a la llegada a Douarnenez, hicimos parada en Locronan, la primera villa que vemos en este viaje de las más bellas de Francia (l'un des plus belles villages de France. Pronúnciese: landeplibelvilásdefrans o déjese el asunto aparcado).
Antes, dedicamos unos minutos al tongo nº 2 del día, tras el de nuestro amigo sidrero très brut. Así, hicimos cumbre en unos vertiginosos 289 metrazos de altura... sin vistas. [Ahórrense la visita a la montaña de Lcronan, salvo que sean muy devotos de la virgencita que mora en tamañas alturas (en ese caso, por cierto, avituallen bien el campamento base y vayan provistos del imprescindible oxígeno y los expertos sherpas)].
Pero no pasó nada. Locronan mereció la pena, bien cuca ella, sobre todo si tienes la suerte de visitar la iglesia justo en el instante en que el sol remata sobre la tumba allí presente. Y una destacable tienda de produits régionaux con cientos de cervezas, mermeladas, galletas, personas...
El día remata en Douarnenez, pueblecito marinero, turístico, en el que conseguir una plaza hotelera fue poco menos que heroico. El hotel La Bretagne nos cae muy cerca del puerto que da a la ría. Como era la hora de cenar, nos vamos al otro puerto, más de pescado, que da al mar, a cenar una rica brocheta de vieiras y unas no menos ricas sardinas.
A eso de las 10 sólo a nosotros pudo ocurrírsenos un lunes querer tomar algo. Tras tres intentos, adornados por el hostelero local de turno con diversas negativas: "pas, pas, pas, pas...", "c'a terminé" o "c'est soir, une boisson?... mais, no", acabamos dándonos un rulo por Douarnenez, que en bretón también significa Pueblo-Fantasma y decidimos irnos a la cunita en nuestra pequeñita habitación de nuestro lindo hotel marinero.
Están locos estos bretones.
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